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IV – Vancouver y Victoria

Etapa IV

Vancouver, Victoria. Despidiendo Canadá.

Etapa IV – Vancouver, Victoria. Despidiendo Canadá.

 

Vancouver

Estaba amaneciendo, el sol aún no asomaba pero había luz suficiente para ver las bajas nubes en el horizonte. Desde el bus vimos la ciudad de Calgary a lo lejos. Tenía sentimientos encontrados con la ciudad. No tiene alma, es una ciudad enorme pero vacía, pero con buena gente allí como Selynne, Jasmine y Roberto nos han demostrado. La vasta extensión color castaña y plana como una moneda de nuevo se aparece delante de nosotros, con la magnífica silueta de la cordillera de las Rocosas en el horizonte, nevada e iluminada ya por los primeros rayos de sol.

A las tres horas de viaje nos internamos en el parque nacional de Kootenay. La carretera zigzagueaba helada y nevada entre altos pinos. El conductor reducía el ritmo considerablemente. La niebla se escondía entre las copas de los árboles, impregnando todo el bosque como un telón de seda. Cuando parecía que dejábamos atrás las montañas nevadas y las carreteras heladas difuminadas por la espesa niebla, cayó sobre nosotros la oscura noche y la lluvia. Mucha lluvia. Muchas horas después llegamos a la ansiada meta, Vancouver.

Vancouver skyline
Vancouver skyline

La primera noche estuvimos en un hotel, estilo motel de carretera americano, al que llegamos tarde y tras andar un rato bajo la lluvia. Al día siguiente nos iríamos a casa de nuestro anfitrión. Bryan era informático, nacido y criado en Vancouver. Era un hombre de pocas palabras, así que la estancia con él fue algo extraña, aunque conocía bien su ciudad y nos dió buenos consejos sobre visitas y alojamientos en Victoria, en la Isla de Vancouver .

Durante cuarenta y ocho horas seguidas, incluso me atrevería a decir que fueron más, no cesó de llover. No conoceríamos el cielo azul de la ciudad ni veríamos las montañas que la rodean hasta que el tercer día en la ciudad por fin amaneció soleado. El primer día nos enfundamos nuestros horrendos ponchos de plástico y fuimos a la zona de Gastown. Es una bonita zona del centro histórico que a finales del siglo XIX fue la zona comercial de Vancouver, y que le recuerda a uno mucho a la zona vieja de Londres. Se ve que a mediados del siglo XX los propios comerciantes trabajaron juntos para mantener la zona con su ambiente y atmósfera original. Edificios de ladrillo rojo oscuro, de no muchas plantas, llenos de pubs, restaurantes y tiendas de souvenirs.

Reloj de vapor, Gastown, Vancouver
Reloj de vapor, Gastown, Vancouver

Vimos el curioso reloj de vapor que se encuentra en este barrio en una de sus esquinas. El motor del reloj funciona con vapor, por lo que cuenta con una serie de chimeneas en la parte superior, las cuales hacen ciertos sonidos cada quince minutos y otros a cada hora en punto. Es muy curioso e interesante de ver, sobre todo si se es amante de los relojes y su ingeniería. Tratamos de encontrar Chinatown, y creo que lo hicimos, pero no vimos demasiada autenticidad, lo que sí vimos fue un ejército de personas sin techo que habían tomado aquella parte de la ciudad y la reclamaban como suya. Seguía lloviendo.

Entrada Granville Island Market
Entrada Granville Island Market

Hicimos tiempo a la mañana siguiente para no salir muy temprano bajo la lluvia. Cuando nos lanzamos decidimos ir a Granville Island Market. Un montón de casetas de madera contenían otro montón de comercios, en su mayoría pequeñas galerías de arte local o nativo, además de tiendas de souvenirs para turistas. Se salían de nuestro comedido y contenido presupuesto, por lo que poner un tótem en el salón de casa tendrá que esperar a una futura ocasión. Las luces que decoraban el mercado, que se extendía bastante por toda la isla Granville, daban a pensar que el lugar por la noche fuese bastante bonito, un agradable lugar al que venir también a cenar con amigos.

Granville Island Market
Granville Island Market

Además de tiendas, la isla tenía un gran mercado de productos locales: carnes, pescados, verduras, quesos, pan, repostería… Todo lo que uno espera encontrar en un mercado se encuentra allí. Además, como parece ser ya la norma, integraban muchos locales de restauración con mucha oferta para comer allí mismo, en grandes mesas dispuestas en la zona central. Comimos en una segunda planta acristalada que daba a la bahía. Veíamos el puente Burrard que une la zona de Kitsilano en la zona oeste con el downtown y la playa Sunset que en ese momento era golpeada agresivamente por grandes olas y fuerte viento. Hacia allá nos dirigimos caminando.

Barco varado, Vancouver
Barco varado, Vancouver

El viento empezó a soplar con mucha fuerza. Cruzamos el puente, era bonito, hecho de metal y ladrillos, tenía unas torres en la zona central, donde con el escudo de la ciudad rezaba una bonita frase «By sea and land we prosper«. Se fueron la lluvia y las nubes gracias a la ventolera, y aparecieron las montañas de fondo, que no habíamos podido ver hasta entonces.

Bajamos a la playa tras el puente. El viento alcanzaba una fuerza que casi impedía andar, costaba sostener la mirada hacia delante y nuestro chubasquero ondeaba a latigazos. Un velero varado en orilla se daba golpes contra la arena, una bicicleta caía por la cubierta hacia la playa. El barco debió haberse soltado de su amarre y había tenido la mala suerte de llegar hasta allí, no me gustaría ser el dueño y descubrirlo allí. Las olas golpeaban con fuerza el rompeolas que lanzaba grandes masas de agua encima de los que por allí osaban pasear. Llegamos andando hasta Inukshuk, una escultura monolítica formada por grandes piedras distribuidas unas encimas de otras, una especie de pequeña versión del Stonehenge británico. Abandonamos el paseo marítimo para entrar en la ciudad por la calle Davie, zona gay friendly de la ciudad. Ya había anochecido. En la calle Granville giramos y dimos con un edificio gubernamental en cuyas escaleras se había instalado una especie de performance en recuerdo y protesta por los niños indígenas desaparecidos. Las escaleras estaban llenas de velas rojas, osos de peluche, juguetes y zapatos de cientos de niños que no volvieron a casa tras ser obligados a ir a esas escuelas donde serían «educados». Me impactó que unas botas de agua allí colocadas se habían llenado de agua con las lluvias de estos días, no había nadie que las calzase ahora. Un cartel rezaba «It is OK to cry here«.

Every Child Matters
Every Child Matters

Victoria, Isla de Vancouver

El ferry iba zigzagueando entre las islas Galiano, cruzaba hábilmente entre ellas por los estrechos pasos de agua, donde se erguían montañas llenas de pinos verdes, y donde de vez en cuando asomaba alguna gran casa de madera mirando al océano. Tranquilidad, bosque y océano. Era un bonito día, el primero soleado desde que llegamos a Vancouver. Habíamos madrugado y tras una hora de autobuses habíamos llegado a la terminal de ferrys de Tsawwassen y embarcado en el «Spirit of Vancouver Island«. Allá mismo nos diríamos, a la isla de Vancouver, una gran isla frente a la ciudad de Vancouver, a descubrir su espíritu. Tendríamos una hora y media de barco para llegar hasta la isla y luego otra hora de autobús hasta Victoria. De esta manera uníamos completamente el Atlántico y el Pacífico en nuestro viaje. Bandadas de patos y gaviotas acompañaban al barco volando casi a ras de agua.

Parlamento Victoria
Parlamento Victoria

Llegamos a Victoria por fin y estuvimos una buena parte del día paseando por la ciudad y el puerto. La ciudad tiene un tamaño aceptable para ser recorrida a pie, pero no por ello escasea en lo que tiene para ofrecer, al revés, me pareció que tenía absolutamente todo lo que uno podría necesitar, además de ser muy bonita al conservar ese toque británico colonial en mayor medida que las ciudades del continente.
Dimos un agradable paseo por la orilla en la zona oeste de la ciudad. Al rato, ya de vuelta, vimos una nutria marina que había salido del agua y se arrastraba torpemente por la orilla rebuscando algo que llevarse a la boca.

Paseamos por el parlamento de la Columbia Británica y por la noche por Chinatown. Unos estrechos callejones de ladrillo rojo iluminados con farolillos orientales llamaban al paseante y uno parecía, por momentos, recorrer los hutong, esos callejones del casco histórico de Pekín. No faltaba en la calle principal su típico portón altamente decorado y coloreado, que invitaba a entrar en sus comercios y disfrutar de sus olores y sabores. China es sabor.

Chinatown, Victoria
Chinatown, Victoria

Al día siguiente, una vez en el ferry, salí fuera a ver como dejábamos la isla. Me imaginé de nuevo a esos marineros españoles que llegaron por aquí en el siglo XVIII y que añadieron estas costas a los mapas. La actual ciudad de Tofino, en esta isla, es hoy en día un conocido destino para practicar surf. El nombre se debe al gaditano Vicente Tofiño de San Miguel, quien fuese marino, cosmógrafo y maestro de Juan Francisco de la Bodega y Cuadra. Este último navegó estas costas y fundó la ciudad dándole el nombre de su maestro. Perdió la «ñ» al carecer el inglés de esta letra, quedando definitivamente como Tofino. Horas después estábamos de nuevo en casa del callado Bryan, empaquetando todo para marcharnos al día siguiente a la estación de autobús a la que llegamos desde Calgary, donde a las 7 de la mañana debería salir un autobús hacia Seattle, Estados Unidos. Cambiábamos de país por primera vez en el viaje.

 

 

Continuará…

9 comentarios en «IV – Vancouver y Victoria»

  1. Maite Sánchez Chapels

    Pues creo la isla Victoria ha merecido la pena. Me ha encantado la historia de la ciudad de Tofino. Creo que somos desconocedores de hasta dónde llegaron nuestros gaditanos.
    Sigue descubriendo curiosidades y relatando las.
    Esperando la próxima etapa!!

  2. Da gusto leerte Hugo, a medida que voy leyendo es como si lo viera y casi viviera, lo digo por las inclemencias meteorológicas, eso solo lo pasas vosotros, porque el resto, entre fotos y tus bonitos relatos, yo, lo vivo. Gracias por compartirlo, disfruto tus relatos. Un besote para los dos

  3. Espero impaciente los relatos de vuestras etapas, me gusta leerlos tranquilamente porque conociéndoos se lo que estáis disfrutando y sabéis transmitir los que sentís y lo que veis, la relación con la gente que os aloja, lo bueno y lo malo, en fin todo.
    Las fotos Hugo son muy bonitas, tendrás que hacer luego un álbum para no olvidar ningún sitio. Enhorabuena a los dos y por favor seguir contando todo. Un beso muy fuerte para los dos.

    .

  4. Hola pareja.
    Me encanta lo qué compartís y cómo lo describes, Hugo. Haces que nos metamos y vivamos, los sitios. Las fotos son espectaculares. Me alegro muchísimo, de qué estéis bien. Seguid transmitiendo vuestras experiencias, qué envidia me dais!!
    Un abrazo a los dos.

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