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V – Seattle y San Francisco (parte 1)

Etapa V

Seattle (EEUU) y San Francisco (parte 1)

Etapa V – Seattle y San Francisco (parte 1)

El despertador sonó a las 5:45 de la mañana el día que cambiábamos de país. No sin pena dejábamos Canadá para irnos a «América«. Llegamos a la estación central del Pacífico y un empleado nos comentó para nuestra sorpresa que desde hacía dos días los autobuses de la compañía Greyhound no estaban saliendo, ni les habían dado ninguna información al respecto. Las fronteras terrestres se habían abierto solo unos días antes. Yo ya pensé que tendríamos que comprar un vuelo para poder cruzar a la ciudad de la que solo nos separaban doscientos kilómetros. Cuando se habían cumplido unos minutos de la supuesta hora de salida del autobús, un amable señor calvo y con camisa azul gritaba: Let ‘s go to Seattle!

Cuatro horas clavadas tras salir de Vancouver llegábamos a Seattle.

Calles de Seattle
Calles de Seattle

La primera impresión es que la mendicidad sigue siendo un problema aquí también. Cometimos el error de no tener preparados dólares americanos en efectivo para el autobús, por lo que caminamos mucho tiempo antes de poder llegar a casa de Julian, nuestro nuevo y amable anfitrión.
El barrio era muy agradable, lleno de casas con jardín, al más puro estilo de las películas. Al llegar tuvimos el momento de tensión habitual, llamamos al timbre y nadie abría. Volvimos a llamar y nada, sólo oíamos ladridos de perros en el interior. Como no llevamos número de teléfono local, no podemos llamar a nuestros anfitriones sin que nuestra compañía española nos cobre a precio de oro, así que empezamos a mirar por las ventanas de la casa hasta que, por fin, Julian nos abrió la puerta.
Su casa, en la que vivía con su perro Obi, era enorme. Tenía al menos tres o cuatro habitaciones para alojar a viajeros, varios baños, cocina, salón, dos bicicletas y un sótano con una mesa de ping pong, todo ello a la total disposición de sus huéspedes.

Pike Market, Seattle
Pike Market, Seattle

Al día siguiente dimos un paseo por el estupendo barrio de Fremont. Bajo un puente este barrio tiene una horrible escultura de cemento que representa a un gran trol, había algunas personas haciéndole fotos, pero los que más disfrutaban eran los niños subiéndose a sus manos, piernas y cabeza. Un servidor no pudo evitar hacer lo mismo y tomar la correspondiente fotografía.

Seguidamente visitamos el famoso mercado Pike Place Market, un mercado orientado al turista, donde se venden más souvenires y prendas hechas en China que alimentos y arte local. Había una cola larguísima de turistas que, para mi sorpresa, comenzaba en una cafetería de la cadena Starbucks, era la primera cafetería que abrió Starbucks, donde se inició el gran imperio. Otra curiosidad que se encuentra allí es la Gum Wall, literalmente, la pared de los chicles.

Gum Wall, Seattle
Gum Wall, Seattle

Durante un par de horas vagabundeamos por calles que no nos decían mucho. La ciudad nos decepcionó un poco debido a la suciedad y al gran nivel de mendicidad que el ayuntamiento parecía dar por aceptable. Por fin, llegamos a los pier, antiguos muelles hoy reconvertidos en zonas de restaurantes y tiendas. Edificios, unos de madera y otros de ladrillos que un día fueron almacenes del puerto. Había también una noria desde la que seguro se podía divisar una bonita panorámica de la costa y de las islas.

Nos dirigimos entonces al Space Needle, la icónica torre de corte futurista que tiene un mirador con restaurante. Asemeja ser un palillo con una aceituna achatada clavada, o quizás una especie de ovni posado sobre una columna. Encontramos una piedra donde sentarnos y allí comimos. Luego fuimos de vuelta a casa.
Nos tropezamos en el camino con una bonita fuente semiesférica metálica color bronce con múltiples agujeros en su superficie de donde salían chorros en todas direcciones a la vez que seguían el ritmo de la música relajante que se escuchaba. Estuvimos allí un rato, sintiéndonos habitantes de la ciudad, disfrutando de la tranquilidad de la tarde y sin nada especial que hacer.

Panorámica Piers, Seattle
Panorámica Piers, Seattle

Al día siguiente fuimos al mirador del parque Kerry, un pequeño parque elevado desde el que se tiene una buena panorámica de la ciudad. El mirador estaba lleno de gente que había decidido subir hasta allí para disfrutar del sol y de las vistas.
Bajamos al centro y por fin vimos la Seattle bulliciosa y vibrante. La calle Pike con la quinta y sexta avenida estaban llenas de gente que iba y venía, en su mayoría, cargadas con bolsas de ropa. Era sábado, quizás los trabajadores sólo salen los fines de semana al centro a hacer sus compras, y los mendigos se habían diluido entre tanto personal. Llegamos andando hasta la zona que en el mapa marcaba como Pike / Pine. Casi todos los locales eran restaurantes a rebosar de gente joven y de hipsters. Entramos en la maravillosa librería cafetería Elliot Bay, un espacio precioso enorme con altas estanterías, alto techo y suelo gastado de madera.

Chica pidiendo café, Seattle
Chica pidiendo café, Seattle

Esa noche Julian había organizado una cena de Friendsgiving, una versión del tradicional Thanksgiving pero que se celebraba con amigos en vez de con familia. Thanksgiving, o Acción de gracias como se conoce en español, llega a ser más importante en la cultura americana que la propia Navidad, por lo que es algo que se toman muy en serio.
En esta versión cada invitado debía llevar algo de comida para que el anfitrión no tuviese que cocinar para todos, y cumplimos a rajatabla. Julian horneó una fuente enorme de verduras regadas con aceite y especias. Una pareja llevó ensalada César y una deliciosa tarta de nueces. Hubo dos grandes platos en la cena que pelearon por ser la estrella, una estupenda carne de ternera marinada que se molestaron en hacer a la barbacoa, y el tortillón de patatas que preparamos nosotros. Fue una bonita velada con ocho comensales en la que se nos dio la oportunidad de sumergirnos un poco en la cultura yanqui.

Powell Street, San Francisco
Powell Street, San Francisco

Alquilamos un coche a la mañana siguiente y pusimos rumbo sur. A lo lejos, dejábamos un Seattle amaneciendo sumido en las tinieblas de la mendicidad. Once horas después de salir llegamos a la ciudad de Redding, en el estado de California. Alli hicimos una noche técnica para descansar y continuamos camino a la mañana siguiente hacia San Francisco. Por culpa del tráfico, fue un infierno devolver el coche, así como salir del aeropuerto en autobús hacia nuestra nueva casa en la nueva ciudad. Nos arrepentimos de coger el autobús antes de subirnos a él… Un trasbordo y unas cincuenta paradas en hora punta separaban el aeropuerto de nuestra meta, la casa de Serhii y Luba, nuevos anfitriones.

Hablamos mucho con él, ella no estaba. Nos acompañó a hacer la compra y luego nos llevó al barrio de Twin Peaks, a una colina desde la que se veía toda la ciudad iluminada. Cuando llegó la hora de dormir Serhii nos llenó dos colchones inflables con su mejor intención. A la mañana siguiente Luba, muy amable nos hizo el desayuno, huevos revueltos con cebolla, aguacate y pan, además de café.

Chinatown, San Francisco
Chinatown, San Francisco

Nuestro primer día amaneció muy soleado. Salimos andando colina arriba y abajo calentando los muslos y las rodillas para la cantidad de cuestas que nos esperaban los próximos días en esta ciudad. Llegamos al parque Dolores, en el barrio latino de Mission. Grandes extensiones de hierba verde eran bien aprovechadas por los locales que paseaban perros, se tumbaban a tomar el sol o se sentaban bajo árboles a leer.
Un buen rato después, andando, llegamos a Powell Street, donde el mítico tranvía subía la calle, muy empinada. En realidad no son tranvías como comúnmente conocemos, ya que no van enganchados al tendido eléctrico en su parte superior, sino que se agarran a un gran cable de acero que circula bajo el asfalto.

Chinatown, Fábrica galletas de la suerte, San Francisco
Chinatown, Fábrica galletas de la suerte, San Francisco

En la misma zona, en Union Square, habían instalado un gran árbol de Navidad y una pista de hielo donde había bastante gente patinando bajo el sol en ese momento. Recorrimos después Chinatown, precioso barrio que combina la ya habitual estampa asiática de los Chinatown de otras ciudades con el encanto de las colinas y la atmósfera de San Francisco.
No pude controlarme y tuvimos que entrar a comer en un restaurante chino, House of Dim Sum, en Jackson Street. Era un local pequeño y en su mostrador estaba colocado todo el repertorio de empanadillas y otras delicias que vendían. Todo estaba escrito en chino por lo que no sabíamos lo que era nada. Después de comer entramos en el barrio llamado Telegraph Hill por la calle Grant, llena de restaurantes, tiendas de vinilos, de perfumes artesanales, de juguetes antiguos y una peluquería de estilo vintage. Giramos camino a la torre Coit, desde donde se tienen unas magníficas vistas de la bahía al completo.

Vistas Telegraph Hill, San Francisco
Vistas Telegraph Hill, San Francisco

Nos acercamos al cabo de un rato a Pier 39. Una especie de centro comercial hecho en madera ocupando lo que en su día fue uno de los muelles del puerto. Nos acercamos a mirar y tras unos minutos llegamos a un muelle que estaba a rebosar de leones marinos. Seguimos caminando por Fisherman’s Wharf, una continuación a lo largo del puerto con tiendas y comercios a un lado y algunos barcos pesqueros al otro. Antes de volver a casa decidimos finalizar el día pasando por la calle Lombard. Es la famosa calle que zigzaguea cuesta abajo entre flores y cuidadas casas de no más de dos o tres plantas. Los turistas se entretienen bajando la calle en coche, en bicicleta, en moto, en patinete… Y todos lo hacen hábilmente con los móviles en la mano inmortalizando el momento.

Leones marinos, Pier 39, San Francisco
Leones marinos, Pier 39, San Francisco

Habíamos quedado con Luba en que cocinaríamos algo español para cenar, así que pasamos por el supermercado y compramos lo necesario para prepararles una paella. Compartimos la velada mientras cocinábamos hablando de la ciudad, de España y de Ucrania. Y agradecí que no hubiese ninguna madre española cerca para juzgar mi labor como chef.

 

Continuará…

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